No hubo nochebuena
No era una Nochebuena. Sí, había pavo, espaguetis, ponche. Un largo mantel nuevo con nochebuenas y campanas, mientras que en la sala las figuras del nacimiento bailaban bajo llos parpadeos de las series de luces. El árbol, retacado de adornos, repetía sin parar un popurrí de villancicos, y guirnaldas colagaban del techo y las paredes. Pero no era Nochebuena. A eso de las once, todos los que vivían en la casa bajaron con sus mejores galas, ayudaron entre todos a poner la mesa y encendieron la televisión. Fuera, en la calle, se oían cohetes y música, la fiesta estaba en su total apogeo, pero en esa casa sólo el invierno había llegado. Los manjares fueron llegando. Uno a uno, fueron degustados y elogiados por todos los que ahí se encontraban, algunos pidieron más, se destapó un a sidra. Poco a poco la atmósfera se hizo más viva. Se bromeó, se contaron anécdotas, se hablo del trabajo. Cuando se sirvió el pavo, el silencio fue total. Cada uno comía con apetito, y cuando terminaron...