Esa tragedia que nunca debió pasar...
Realmente me había propuesto no hablarlo. Porque, a decir verdad esa clase de calamidades no hacen sino deprimirme, como a veces termino al ver las noticias o leer el periódico; sin embargo, sé que la mejor forma de evitar que pasen estas cosas es difundiéndolas, no importando lo horribles que sean. Y es que lo sucedido en aquella guardería no tiene nombre, ni aún la mente más siniestra es capaz de concebir un desastre de tal maldad. Y lo peor es que hay responsables, más responsables aún por ser quienes fingen ser servidores del pueblo, pero en realidad viven a expensas de él. En verdad me había sorprendido el impulso q este sexenio había dado a las guarderías particulares. Bueno, no tanto, ya que es sabido que últimamente se han debilitado los servicios estatales para abrir paso a grandes empresarios que lucran con las necesidades básicas de la sociedad. Pero esto, si que no tiene nombre. Me dan ganas de mentarles su progenitora a esos hijos de la tiznada y que se pudran en su concie...