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Vampman

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Frío. Oscuridad. Miedo. Hace horas que no sé de mí. Algún criminal debió tomarme por sorpresa, cuando hacía mi patrulla nocturna. Lo único de lo que tengo conciencia son las frías baldosas del suelo, cuando trato de levantarme siento entre mis dedos una sustancia pegajosa. Sangre semicoagulada. El olor a hierro de la sangre sube hasta mi nariz. Inhalo a profundidad. Entre las tinieblas distingo un cadáver destrozado. Una furia impotente sube hasta mi garganta. ¿Será cosa del Joker? Pocos son capaces de semejantes atrocidades. –¿Hay alguien ahí?– pregunto. Si están vigilando la celda, ya se habrán dado cuenta de que desperté. Me recargo contra mi celda. Todo parece ser roca sólida. A lo lejos, escucho un goteo incesante mientras que el olor a mierda sube y sustituye al olor de la sangre. Así que estamos en las alcantarillas. Mientras trato de recordar cómo llegué ahí caigo en cuenta del sabor de la sangre. Escupo, y noto un par de dientes menos. Eso no le gustará a Alfred. Me...

Rumpelstiltskin

Reinterpretación del cuento ambientada en el juego de Rol "Demonio: La Caida". – No me queda nada que darte. – respondió la muchacha. – Entonces prométeme, que si te conviertes en reina, me darás tu primer hijo. Hermanos Grimm–  Primer día. He vendido a mi hijo a cambio de mi vida. ¿Qué clase de madre soy? Ninguna, soy una tonta. Pero, ¿qué más podía hacer? En ese entonces ni siquiera había nacido, y yo sellé el pacto en un parpadeo. No, yo no era una madre entonces. Ni siquiera habría podido tener a mi pequeño… sus ojos azules cuando me miran, no, el sólo habría sido el hijo de una pobre mujer… el pago casi era justo. Ahora no lo es. Vendí a un príncipe a cambio de una miserable molinera. Ha pasado casi un año desde entonces, y no he dejado de temer por la vida de mi pequeño. No pueden decir que la culpa no me carcome, cada día de mi vida ha sido una tortura desde entonces, cada vez que la gente se inclina ante mí buscando mi aprobación, cuando paso un solo segundo...

Perfidia 2.0 - Ghoul: Adiccion Fatal

Las veces que me ha visto llorar La perfidia de tu amor... Alberto Domínguez Borras Maldita obsesión del hombre, anhelar lo que es imposible para él. Aquí estoy yo, estancado, despertando de la fría bofetada que me da tu rostro inflexible, capaz de volver acero a esos ojos grandes y profundos, los ojos que me volvieron loco desde el día en que te vi. Estabas sentada, llena de coquetería, cautivándome. Pero ya no es así. Ahora eres una hoguera a la que yo, cual mosquito, me arrojo imprudente. Aprovecho el día, ese maldito día que impide que despiertes para hacer las cosas que me pides, sobrevivo con la impaciencia de un adicto en abstinencia, me abstengo de ti, trato de obedecer a esas necesidades banales como comer, respirar, defecar, sabiendo que algún día, si te place, yo no las necesitaré. ¿Quién quiere la luz del día si te tiene a ti como sol personal? Regreso de la oficina cansado, sin saludar a nadie. Todos ellos creen que simplemente no me he recuperado de la muert...