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Poesía Corpórea IV: Improvisando por la vida

La improvisación es, en el sentido dancístico, un ejercicio del expresión espontánea. Permite el movimiento libre, sujeto sólo a voluntad del bailarín, y requiere, en esencia, de creatividad y seguridad de movimientos. Si quien lo realiza conoce su cuerpo, podrá explotarlas con facilidad permitiéndole lucir sus capacidades. Además, si la improvisación tiene música, requiere de cierto sentido del ritmo lo cual puede agregarse a la plasticidad de la improvisación. Pero, lo más importante, abre la mente del bailarín al hacerlo dueño de sus propias expresiones, lo deja divagar y hablar de lo que es y lo que siente. Su tarea creativa se expande, rompe horizontes, se vuelve coreógrafo de si mísmo. Al interactuar con otros bailarines, más que una danza se puede convertir en un diálogo sensitivo entre los ejecutantes. Se anda, como por la vida, adaptándose al espacio, a la música, a las emociones, pero en definitiva se hace lo que uno quiere. La improvisación es, para mí, uno de los actos más ...

....NAVIDAD?

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The queen

Cuando te tomas la vida tan en serio me destrozas. Odio que grites a los cuatro vientos la mierda que me rodea Me caga en ti que prefieras no pedir una disculpa que olvides pero no perdones que pefieras creer siempre que tú tienes la razón. Víctima eterna de mi chocante hartazgo He seguido tu juego y me toca ser la mala del cuento. Y tu (vaya novedad) eres otra vez la reina del drama.

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¿Qué crees que soy? ¿Un remanso de emociones? ¿un héroe? ¿un guía? ¿cómo piensas que podría salvarte atrapada como estoy enmedio de la confusión y el delirio? ¿acaso crees que esta melancolía es una aureola que me ilumina? Sí que estás loco. Crees saber lo que quieres en alguien que no sabe ni quien es. Haz roto el delicado equilibrio que me sostenía en este puto mundo sin ley ni justicia. Se ha quebrado la piedra que me conservaba en mi lugar. La columna que me mantenía en mi eje se ha desbaratado por completo y mi voz no ha tenido tiempo de gritar auxilio. Dime, ¿porqué insistes en hundirte conmigo, si ni siquiera te había mirado? ¿que viste en mí? ¿qué no te doy miedo? Ni siquiera podrías salvarte a ti mismo y te arrojas imprudente a las pozas de mi infierno. No quiero sufrir. No quiero herirte. Salva tu resplandor. Huye de mis penumbras. Ódiame acaso. Tengo miedo de tí, pero sobre todo, tengo miedo de mí.

Tu Sonrisa

Dame una vez más tu rostro sinero dame tus sonrisas, tus ojos complacidos tus mejillas sonrojadas tus párpados entrecerrados Dame un aliento fugado de lo mas íntimo de tus deseos entrégame la fórmula eterna de tu inmortal carisma, vampiro de luz, del sol condenado a ocultarse más allá de las nubes Parecen guardar tus ojos impenetrable secretos ¿Qué hay dentro de ti? me niego a creer que seas esa caja vacía que finges parecer ¿donde está tu trasfondo? ¿bajo que contraseña podré ver por siempre esa sonrisa que asomas cuando crees que no te están viendo?

Ese chango sí se acuerda

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Estaba en primer semestre de la carrera. De pronto, al entrar casi por equivocación a un centro comercial me topé con un anaquel revuelto lleno de libros, y el letrero de oferta: el increíble precio de liquidación de $18.50. Pro desgracia no llevaba dinero, peri pude juntar para dos títulos uno de los cuales platico aquí: "Memorias de un primate" de Robert M. Sapolsky. Este biólogo, afamado investigador de neurología y profesor en Stanford, nos cuenta las aventuras que tuvo a su paso por África en pos de sus animales preferidos: los primates. Su particular forma de narrar pasa de lo chusco a lo profundo, incluyendo una visión sincera de la vida en el África, con sus animales, su gente, sus costumbres y carencias. Habla de su contacto con la ciencia, qué es y porque es un científico, las motivaciones de su vocación y los desencantos. Él mira a los babuinos, y hablando de ellos vistumbra instintos que también constituyen a la naturaleza humana: la dominación, el poder y la frus...

Erizos

...Abriéronse los ojos de ambos, y vieron que estaban desnudos... Génesis Extraño el sabor amielado de tus labios. Hoy, cuando me despedí de ti, no puede saborearte a mi gusto, ahogado como estaba en el mar de nuestras lágrimas, sólo pude darle adiós a a tu boca agridulce como un plato de comida cantonesa. Permanecimos abrazados, con el puñal del otro atravezando nuestra espalda, trémulos, odiando nuestra sinceridad. Odiando nuestro odio, aunque no debería llamarlo así. Porque sé que dentro de tí ese sentimiento no cabe contra quien tanto adoras, y que este amor tan profundo que te profeso me impediría guardar rencor alguno contra tí. ¿Será acaso que nos sumergimos demasiado uno dentro del otro, que no miramos las consecuencias? Vivimos ansiosos de descubrirnos en el otro, cortando, desgarrando sin piedad ni anestesia ese caparazón que cubre nuestros frágiles yos, de la crueldad de lo exterior. Nuestras almas no soportaron esa exposición al exterior que era el otro, y, avergonza...