Citas - citas-comunidad.com

domingo 26 de febrero de 2012

Insanis Tempus

Entonces caí.
Mi mente se fue hundiendo en el abismo profundo e inacabable, como lo había hecho muchas veces. Y siempre era igual de malo. Primero grité, aterrado, y moví mis brazos y piernas en un intento desesperado por asirme a algo que me sacara a la cordura, pero fue en vano. El miedo hizo mella en mí y finalmente perdí el control de mí imagen mental de mí mismo cayendo en ese abismo sin fin, perdiendo toda noción de mí.

-Imbécil.

La risa irreverente que tanto conocía rebotó en mis oídos a todo volumen, haciendo que me doliera la cabeza. Demonios. ¡No tengo cabeza! Trato de alzar los brazos pero me doy cuenta de que de hecho no tengo cuerpo, y aún así este dolor no se me quita.

-Eres tú otra vez- digo fastidiado, mientras el extraño duendecillo empieza a juguetear haciendo un graffiti a mitad de la nada.

-No soy yo otra vez. Esta vez soy nuevo, no es lo mismo hoy yo que el yo de la otra noche.

Traté de incorporarme, pero recordé que no tenía cuerpo, así que simplemente traté de girar al mundo para dejar de ver todo de lado, pero el mundo se cayó.

-¡Cielos, Pete! ¡Deja de hacer eso! -gritó el duendecillo que de pronto se dio en la cabeza al caer.

-Lo siento- Respondí automáticamente-. Espera, ¿qué haces aquí?

-Lo de siempre, viejo. Cuidarte. -dijo el tipejo tras levantarse y sobarse su enorme cráneo.

-Sólo traes malas noticias...

-¡Sólo traes malas noticias! -remedó el duendecillo, insultante- ¿crees que me gusta andar de mensajero? Pues no, señor, así que me voy...

-Espera, dime que es lo que pasa...

-¿Que pasa? ¿QUÉ PASA? -dijo el hombrecillo con fingido enojo- pasa que estoy molesto. Y si no te molestas tú, no se que voy a hacer. Lárgate de ahí.

Una parte de atrás de mi mente me recordó que debería estar en el gran salón del Elíseo.

-¿Que me qué?-le pregunto

-Lárgate. La Arpía esa te sabrá disculpar. Si es que vuelves a verla. Pero deberías largarte, esa sala va a llenarse de payasos.

-Payasos no ¡Los odio! -una vez más traté de incorporarme haciendo temblar el piso bajo los pies del duendecillo, y recuerdo que no tengo cuerpo (otra vez).

-Ah, y pásate por casa de Nico, le dará gusto verte.

-¿Pero cómo me voy, si estoy aquí?

-Eso es muy facil -dijo el duendecillo, y sacó lo que parecía un montón de dinamita de su saco-

-Hey, ¡No hagas eso! -grité al verlo poner la línea de compustión y encender un cerillo

-Rétame -dijo él, malicioso-. Además no se pierde mucho ya está todo roto aquí.

-Oye, no. Por favor.. ¡Espera!

¡BUUUUUUM!

Logré incorporarme al fin. Numerosos vástagos me miraban, un poco sorprendidos.

-¿Qué  miran? -les grité enfadado- ¿Algún problema con que haya caído?

Como pude me levanté y sacudí sin la ayuda de esos chismosos, y miré a mi alrededor. La alfombra me era conocida. Era el Elíseo.

-¡Los payasos! -grité aterrado. Un par de imbéciles rieron

-No quiero quedarme a ver los payasos -le dije educadamente a madame Lesttat- con su permiso.

-Le recomendaría que esperara... dijo la mujer, no muy convencida

-Lo siento, ¡me voy!

Y salí de ahí pitando a casa de Nico, a treinta kilómetros de ahí.

Semanas después supe que los payasos llegaron al Elíseo. Ahora hago más caso al duendecillo.

miércoles 21 de diciembre de 2011

2011 a la chiiiiiiingaaaaaaadaaaaaaaaaaa!!!!!!!!

Este año... no me puedo quejar de este año:
Acabé la carrera
Cumplí 1 año con mi primer novio
Logré cobrar mi beca
Compré mi primer consola de videojuegos
No me asaltaron a mano armada
Mi familia sigue conmigo
No, no puedo quejarme, y no me quejaré... sólo que no estoy tan de humor

domingo 30 de octubre de 2011

Rumpelstiltskin

Reinterpretación del cuento ambientada en el juego de Rol "Demonio: La Caida".

– No me queda nada que darte. – respondió la muchacha.
– Entonces prométeme, que si te conviertes en reina, me darás tu primer hijo.
Hermanos Grimm– 


Primer día.

He vendido a mi hijo a cambio de mi vida. ¿Qué clase de madre soy? Ninguna, soy una tonta. Pero, ¿qué más podía hacer? En ese entonces ni siquiera había nacido, y yo sellé el pacto en un parpadeo. No, yo no era una madre entonces. Ni siquiera habría podido tener a mi pequeño… sus ojos azules cuando me miran, no, el sólo habría sido el hijo de una pobre mujer… el pago casi era justo. Ahora no lo es. Vendí a un príncipe a cambio de una miserable molinera.

Ha pasado casi un año desde entonces, y no he dejado de temer por la vida de mi pequeño. No pueden decir que la culpa no me carcome, cada día de mi vida ha sido una tortura desde entonces, cada vez que la gente se inclina ante mí buscando mi aprobación, cuando paso un solo segundo con mi esposo, dentro de mí se forma un vacío. No, yo no merezco esta vida…

Los recuerdos de la noche anterior pasan por mi mente cual si fueran los presagios de un mal sueño: lo que siempre temí, se hizo manifiesto en el rostro deforme de aquél enano que traspasó los gruesos muros de mi palacio como si fueran una cascada de agua… lloré, grité, supliqué. Hice lo que pude, pero aquellos ojos negros no son humanos: parecen desconocer a piedad y el perdón. Mirarlos es como mirar un pozo al que han prendido fuego. Me dio miedo.

– Muy bien –me dijo antes de desaparecer, pero sus ojos mostraban más burla que piedad–, podrás conservar al principito con una condición: en el lapso de tres días deberás adivinar cuál es mi nombre. Si lo haces me iré y no me volverás a ver. Si no, me quedaré con el niño.

Tres días. Ni siquiera sé cómo lo logré. Miro con tristeza al suave moisés en que reposa mi hijo. Sus suaves manitas se apretujan contra las mantas que le rodean. Duerme como un ángel, Dios mío… ¿qué ente sin corazón arrancaría a un hijo de su madre?

Hoy vino. Le dije todos y cada uno de los nombres que conocía. Apodos, nombres inventados, sílabas al azar. Ninguno fue. Sólo se limitó a burlarse de mí y a mirar con avaricia la cuna de mi pequeño.

Seguro una vida de crueldad y dolor le aguardan a mi criatura. Mi corazón grita, pero mi mente me dice lo que tengo que hacer: si ese enano se quiere llevar a mi hijo, se lo llevará muerto.

Con lágrimas en los ojos, mis manos se acercaron temblando al suave rostro, sosteniendo una suave almohada de plumas. No, no sufrirá. Que Dios y su castigo pesen en mí, cargaré la culpa hasta el final de mis días, pero no dejaré que se lo lleve…

–¿…Majestad?

Han tocado afuera. No sé si para bien o para mal, pero han detenido la muerte de mi hijo… por ahora. Abro la pesada puerta de madera y veo frente a mí a Ludovico, cardenal, filósofo, sabio consejero de mi esposo, el rey, y mi único confesor…

–¡Padre! –seguro el nota que estoy llorando, pero me apresuro a inclinarme ante él y besar su mano. El me detiene, acariciando mi cabeza, con una sonrisa bondadosa.

–Hija mía, ¿Qué tienes?

Sus ojos me miran de una forma que no puedo comprender. Es como si mirara dentro de mí, y a la vez muestran cosas esperanzadoras, es ver dentro de él las puertas del cielo. Es un santo. No sé cómo pude tener la fortaleza para hablar con él, hace ya varios meses. Es el único que sabe la verdad.

–Ya apareció, se va a llevar a mi hijo… –frente a él no temo desmoronarme, es el único que me puede ayudar, si es que acaso alguien puede, de eso estoy segura.

–Hija mía… –el padre penetró a grandes zancadas por la habitación, hasta cerciorarse de que el Príncipe seguía en su moisés. Me hizo preguntarme si acaso él sospechaba lo que yo intentaba hacer.

Contra lo que creí, el padre Ludovico no mostró señales de angustia extrema, aunque su semblante se veía serio cuando le relaté lo sucedido.

–¿Cuánto tiempo?

La pregunta me tomó desprevenida, pero el padre Ludovico siempre sabe más cosas de las que se supone debería saber.

–Tres días. Tres días y… – no pude evitarlo, rompí de nuevo en llanto.

–Majestad –dijo el Cardenal, mirándome con una resolución que no era capaz de ver en nadie mas– Encontraremos el Nombre. Pero necesito una orden suya. Tendremos que hablar con el Rey.

___________________________________


Segundo día.

Ha sido designada una guardia para mis aposentos. Se supone que si veían al hombrecillo lo detendrían, pero ha sido en vano. Ha entrado a través de la pared, justo como cuando lo vi por primera vez, encerrada en esa habitación repleta de paja. Su cara contrahecha sonreía de forma malsana, seguro de su victoria, de la misma forma que un gato juega con un ratón ya muerto.

–¿Y bien? – Me dijo, burlón –¿Has adivinado ya?

Le di una lista completa, leí el santoral entero, un libro completo de nombres de moros y tierras lejanas. Nombres de hadas, incluso nombres inventados. Las sugerencias de los poetas y sabios. Fue todo en vano. Pero a cada nombre que menciono, el sólo se ríe y me dice:

–No es–

Mientras lloro abrazada a mi bebé, no dejo de recordar el gesto de odio y decepción en el rostro de mi marido. De no ser por la intercesión del Cardenal, seguro me habrían llevado a la horca. Ahora el me repudia. Al menos ya existe la orden real: “Aquel que descubra su nombre, será recompensado con una provincia”.

___________________________________


Tercer día.

Este luce como un día fatídico. Todos y cada uno de los mensajeros del rey, todos los súbditos, desde el campesino más humilde hasta el caballero más poderoso, todos han hecho una búsqueda, que al parecer, es infructuosa. El mismo Cardenal ha salido en la búsqueda, aunque ahora parece menos seguro de encontrar el nombre de la criatura. Antes de irse, me hizo contarle una y otra vez todas las veces en que vi al “enano”, aunque ahora estoy segura que es cualquier cosa menos humano, cada detalle contó. Desde el tono de la voz hasta la forma en que ese ser retorcía las manos. Cuando el padre Ludovico salió, así como sus mensajeros una sensación de soledad me invadió. Si él no lo lograba, estaba indefensa, y perdería mi hijo.

Todo el día y la tarde, los escribas del palacio se dedicaron a recopilar cada uno de los nombres que no había utilizado anteriormente. Filas interminables de súbditos dando todos los nombres que se les ocurrían en un intento de salvar a su futuro rey. Yo moría de la impaciencia.

Al caer la noche, el Cardenal volvió. Dijo haber conseguido algunos datos, lejos en un monasterio. Pero que no era suficiente. No logró sino hacerme temblar. No había esperanza para mí.

–Padre, ¿lo ha conseguido?

–Tengo algunas sílabas –Había dicho–. La mayor parte. Si consiguiera una más… el problema es que no consigo recordarlo…

–¿Faltan sílabas? –¿Adivinaba un nombre por sílabas? – ¿Y si intentara con todas las sílabas existentes? Alguna tendría que encajar.

–No funciona así –me contestó el Cardenal, impaciente–. Cada sílaba tiene un significado.

Me hizo guardar silencio. Ludovico siguió por horas, revisando libros y pergaminos. Maldiciendo en susurros (cosa que nunca había visto en un padre) mientras garrapateaba extraños símbolos y los tachaba, una y otra vez, hasta que el reloj hizo notar que faltaba poco para la medianoche. Pronto llegaría el vil enano, y no me podría defender. Alguien tocó la puerta, por un momento creí que sería él, pero recordé que no necesitaba tocar: traspasaría la pared. Era sólo un mensajero.

–Majestad –dijo el hombre cuando entró, tocando el piso con una rodilla– Tengo información que pudiera ayudarle…

Era un relato extraño. El mensajero, habiendo parado en un claro para descansar, frustrado por no haber encontrado nada que ayudase a la reina, divisó a lo lejos una hoguera. A su alrededor, un enano, deforme y triste, bailaba salvajemente imitando el baile de las llamas:

"Hoy tomo vino, y mañana cerveza,
después al niño sin falta traerán.
Nunca, se rompan o no la cabeza,
el nombre Rumpelstiltskin adivinarán.."


El padre se levantó, un brillo de triunfo se notaba en sus ojos.

–¡Ya lo recuerdo! ¡Es él!

De inmediato se puso a escribir febrilmente mientras murmuraba

–Debía haberlo notado, era tan obvio…

Las campanas de la torre dieron la medianoche.

–¡El príncipe! –Gritó el Cardenal, angustiado–.¡Corre! ¡El no debe verme! ¡Retrásalo mientras puedas!

Corrí a la habitación del príncipe, todo estaba a oscuras, a excepción de la vela que llevaba en la mano. Me asomé rápidamente al moisés y di un suave suspiro de alivio: el príncipe seguía ahí

–¿Y bien? –dijo una voz odiosa que ya conocía

Me di la vuelta. El enano se encontraba justo detrás de mí, se veía mucho más grande y horrible que como lo recordaba. Sus labios parecían fauces y sus ojos hogueras. Retrocedí.

–Aún no, demonio. Falta que adivine tu nombre.

–¿Demonio? –preguntó el enano, divertido– Aún no sabes de lo que hablas, molinera. Di mi nombre si no quieres que me lo lleve.

–¡Rumpelstiltskin! –contesté sin miramientos.

El enano se detuvo, inseguro. Por un ligero creí que había ganado, que él se retiraría.
Pero la ligera sorpresa se desvaneció de nuevo para ahora, sonreír con más profundidad.

–Estuviste cerca, molinera. Pero no lo suficiente.

La voz del enano pareció crecer en fuerza y profundidad, hasta hacerme caer de la impresión. Cuando alcé la mirada, ya no era un enano, su cuerpo era ahora infinitamente más grande, parecía fuerte. Sus tullidas piernas eran ahora musculosas y enormes, y su tez enfermiza parecía ahora negra como el carbón. Me miró, y esos ojos, si antes parecían hogueras, ahora mostraban al infierno en su interior, rodeándolo con venas de fuego y de tortura. Intentó tocarme con sus dedos, pero lo esquivé, temerosa.

–Apártate, molinera –dijo, y su voz era más atronadora que la que hubiera oído jamás–. El chiquillo es mío.

Traté de detenerle, pero me fue imposible. Con un golpe de su brazo me arrojó contra la pared. Intenté levantarme, pero la cabeza me daba vueltas, mientras todo se volvía difuso y dejaba de ver. Lo último que recuerdo es la puerta azotándose mientras el padre Ludovico entró.

–¿Tu? ¿Aquí? –gruñó el demonio con su voz atronadora.
Ya no recuerdo más.

___________________________________


El Cardenal pronunció el Nombre.

El demonio, sorprendido aún de su imprudencia, miró incrédulo al Cardenal

–¿Creías que eras el único aquí, Rumpelstiltskin? –tras mencionar el nombre falso, Ludovico empezó a reír.

–Te recuerdo, maldito, eres tú… Provocador de las Sombras, ¡Te recuerdo!

Ludovico caminó sin temor, como si saludara a un viejo amigo.

–El mismo en carne y hueso. O algo así –señaló su propio cuerpo– No puedo creer que fueras tan imprudente como para caer bajo mi trampa. ¿Adivinar tu nombre? ¡Ja! Me encanta como fanfarroneas, ¿creíste que nadie los ayudaría? Aún si te hubieras llevado al bebé hace tres días, no habría tardado en hacerte venir. Era cuestión de tiempo que adivinara tu Nombre, Rumpelstiltskin. Vaya mote más ridículo.

El demonio retrocedió, asustado.

–Tú no entiendes. No deberías ayudarlos. ¿Acaso olvidas lo que nos hicieron? ¿Cuándo nos dieron la espalda? Sacrificamos todo por ellos, y nos olvidaron. Se inclinaron ante la desidia de Dios. No merecen nuestra ayuda…

El semblante de Ludovico se mostró serio. Una cólera fría se mostraba en su rostro.

–No lo he olvidado. Eso no quiere decir que vaya a permitirte andar a tu antojo

–Ta traicionarán de nuevo, Provocador. ¡Te arrepentirás!

–No, no lo harán –Dijo el Provocador. Esta vez su sonrisa lució demoniaca. Ahora que nadie veía, se sentía capaz de mostrar su verdadera naturaleza– Esta vez quien traicionará, seré yo.

Rumpelstiltskin parecía de nuevo un enano deforme y enclenque. Sus ojos, desorbitados, mostraban un temor difícil de igualar.

–¿Qué pretendes, Provocador?

Ludovico, el Provocador de Sombras, sonrió malignamente y comenzó a caminar lentamente alrededor de Rumpelstiltskin

–Es muy simple. En esta Tierra ya no hay Dios. YO SERÉ SU DIOS. Yo tomaré el poder, restauraré el orden, MI ORDEN, y nadie desobedecerá. Los humanos serán castigados. Vengaré mi dolor. Pero para eso necesito seguidores. Demonios fieles. Por eso ahora tengo tu nombre. Tú me obedecerás, y serás mi esclavo. Ya empecé con la Iglesia. Luego será este reino. Pronto tendré Europa a mis pies. Y seguirá el Mundo. ¿Entiendes?– Y volvió a mencionar el Nombre.

Rumpelstiltskin se encogió, aterrado. Ahora ya no era su voluntad, el sólo quería criar un niño, esparcir sus ideales por el mundo, pero ahora tendría que obedecer a alguien más. El era poderoso, pronto habrían más. Llevarían a la Tierra a su Perdición.

___________________________________


Cuando la Reina volvió en sí, el Demonio se había marchado. El bebé yacía, tranquilo, durmiendo en el regazo de la Reina, y el Cardenal, sonriente, miraba desde una silla.

–Padre, gracias, muchas gracias de verdad

–No es nada, hija mía –contestó Ludovico, el Provocador de Sombras, dentro de su disfraz de padre benevolente–.Ahora que está todo arreglado, tendremos que pensar en la educación del príncipe.

–No hay duda de eso, quiero que usted sea su Tutor.

El Cardenal sonrió. Se le daba bien sonreír

–Es un honor demasiado grande para mí, alteza. Pero haré lo que pueda.

Las cosas iban bien. De acuerdo al plan. Nada lo detendría.

lunes 12 de septiembre de 2011

Searching

A veces uno no renuncia a falsas esperanzas. No deseamos que aparezcan las consecuencias lógicas y seguimos el camino errado, las búsquedas fallidas.
Espero, a veces, que el mundo fuera un lugar más amigables. Busco noticias de gente que tal vez no debería volver a ver, y encima, deseo que les vaya bien.
¿Pero no sería yo misma quien enfureciese al encontrarlos? ¿No me hace mas daño recordar?
Y sigo buscando...

martes 16 de agosto de 2011

Perfidia 2.0 - Ghoul: Adiccion Fatal

Las veces que me ha visto llorar
La perfidia de tu amor...
Alberto Domínguez Borras


Maldita obsesión del hombre, anhelar lo que es imposible para él. Aquí estoy yo, estancado, despertando de la fría bofetada que me da tu rostro inflexible, capaz de volver acero a esos ojos grandes y profundos, los ojos que me volvieron loco desde el día en que te vi. Estabas sentada, llena de coquetería, cautivándome. Pero ya no es así. Ahora eres una hoguera a la que yo, cual mosquito, me arrojo imprudente.

Aprovecho el día, ese maldito día que impide que despiertes para hacer las cosas que me pides, sobrevivo con la impaciencia de un adicto en abstinencia, me abstengo de ti, trato de obedecer a esas necesidades banales como comer, respirar, defecar, sabiendo que algún día, si te place, yo no las necesitaré. ¿Quién quiere la luz del día si te tiene a ti como sol personal?

Regreso de la oficina cansado, sin saludar a nadie. Todos ellos creen que simplemente no me he recuperado de la muerte de mi familia, de ese horrible accidente, y me dejan partir en silencio. Yo prefiero que lo crean así. Que mi barba mal afeitada y la ausencia de vida social sean los escudos que me alejen de esa chusma aburrida que no merece conocerte

Llego a la casa (tu casa), y me siento en la salita del televisor, pero no puedo serenarme. El único medio de tranquilizarme un poco es bajar las escaleras, en silencio, y mirar bajo la tenue luz de una vela la transparente palidez de tu rostro, la pureza insaciable de tus labios. Te vez tan delicada, tan frágil e indefensa. Si alguno de tus enemigos llegara cuando no estoy, no necesitaría de mucho esfuerzo para acabarte. El pensamiento llega con un escalofrío. Mañana mismo instalaré un nuevo sistema de seguridad.

Incluso dormida eres provocativa, pero verte ahí es tan… devastador. ¡Muerta! No respiras, y bajo la luz de la vela te lloro, una vez más en este velorio personal que repito cada noche, hasta que despiertas.

Cuando abres tus ojos, un ligero brinco recorre mi cuerpo. No importa cuántas veces lo presencie, el milagro de tus ojos abriéndose es como contemplar la gloria de la resurrección. Cuando te levantes me arrojarás de nuevo contra el piso, reprochándome por hacer otra vez la tontería de espiarte dormida. Un solo empujó de tus dedos dejará en mí un fuerte cardenal, tal vez incluso te enojes tanto como la vez que me ordenaste ir desnudo a comprar leche como castigo. Y probablemente me niegues un día más el trago dulce de tu beso ensangrentado, la única razón de mi existir.

Me pregunto cómo es que llegamos a terminar de esta forma, y caigo en la cuenta: desde el principio fui yo el culpable. Esa noche mientras trataba de ahogar en alcohol mi soledad. Tú tan solo me miraste, seductora. Fui yo quien se acercó a ti, y sólo a ti. Te di mi corazón, y tú me diste tu sangre. Con el paso de las noches te elevé por encima de mi familia muerta, de mis recuerdos, de mi rota vida, incluso. Te convertiste en mi musa, mi estrella, mi diosa personal. Y no sólo te lo creíste.

Fuiste atrapada en esa adoración a ti misma que fue mi perdición. Devoraste mi corazón y te largaste, ávida de nuevos sacrificios. Te he convertido en un monstruo insaciable, un némesis para el amor que te profesaba, y que no es más que una sombra que demanda volver a los viejos tiempos. Pese a todo sigo aquí, como un perro faldero, necesitado de tu atención, acurrucado a tus pies aún a sabiendas de que en cualquier momento me lanzarás una patada, mientras seduces a otro incauto.

En ocasiones me pregunto si tu corazón es realmente tan frívolo, si siempre fuiste así, si tienes idea de lo que haces. A veces, incluso cuando te muestras cercada de atención, creo adivinar en tus ojos ese tremendo vacío que carcome tu alma y la de tus víctimas, y te tengo lástima. Ni siquiera doy espacio a la autocompasión.

Seguiré viéndote desde aquí, protegiéndote, satisfaciendo cada uno de tus caprichos, impedido para percibir el mundo si no es con tus ojos, buscando un remedio a tu narcisismo, pero en el fondo, tratando de hallar la cura a mi irracional delirio.

Anoche

…Y créanme gente que aunque hubo ruido nadie salió,
no hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró…
Rubén Blades

Ya voy llegando. El cansancio del día se agolpa en mis piernas y de repente ya no tengo ganas de bajarme del asiento del camión (cómodo al no haber otra cosa mejor), pero finalmente me levanto a indicar la parada con el timbre. Es tarde, siempre se hace tarde. En la mañana, para llegar el trabajo. Hay que madrugar, salir corriendo, tomar taxi para las últimas cuadras, que si no, te descuentan. En la tarde para la hora de la comida. Hay que encargar a doña Chole la comida desde antes, y de todas formas salimos 10 minutos más tarde porque había un trabajo que urgía y había que entregarlo antes del almuerzo. De noche sale uno como torpedo, pero pronto es refrenado por la ola de tráfico que se extiende a kilómetros y kilómetros por la autopista.
Sí, hay cierto cansancio general entre los adormecidos pasajeros. Junto a mí se baja un par de personas. Camino entre las calles de mi colonia hasta casa, un poco paranoica porque siento que me siguen. Curioso. Tres casas antes que la mía, los que se bajaron conmigo en el camión y parecían seguirme, se han metido a su casa. Son mis vecinos y ni siquiera sé quiénes son. Tal vez incluso trabajan por donde yo. Bueno, la verdad no me importa. Quiero darme un buen baño y ver un poco de televisión antes de irme a dormir.
_________________________________

Caray, que fea está la colonia… viera nomás como estaba antes… todas esas casas de allá, las blancas dúplex, eran puro alfalfar, por eso es que se inundan cada año, esos terrenos están bajo el nivel del río, pobres gentes las que viven en las plantas bajas… y qué le digo, antes estas casas están mejor que las de allá ‘rriba, las nuevecitas…. Esas no se inundan, pero están todavía más chiquitas, casi casi tiene que salirse la familia para que pueda entrar la luz del sol, y son más caras, quesque por los acabados. Y se agrietan luego luego, lo sé por mi sobrina que se fue a vivir a una de ésas. Y luego siempre les anda faltando el agua… Antes ni había nada, era puro despoblado, pura carretera de tierra.
Mi abuelo, por ejemplo, era trabajador de la fábrica, aquí en el casco de hacienda, que era una cooperativa, hasta que la cerraron. Estos terrenos, y los de abajo, nos pertenecen, también allá, que era el río… sí, había un río, todavía hace unos quince años iba la gente a meterse a bañar, y las señoras lavaban ropa, incluso hasta peces había… ‘ora ni agua hay. Es puro basurero. Han venido un montón de veces que a tapar el río, o bueno, la zanja que queda, pero no los hemos dejado. Eso sí, ya hasta miedo da pasar por ahí, puro mariguano. Mejor ni se vaya a asomar, camínele por la avenida, no vayan a pegarle un susto. En la noche yo mejor me encierro en mi casa, y ya no salgo.
_________________________________

No, no tengo local. Empecé haciendo chambitas para los amigos, que el cambio de aceite, que si le checaba los frenos, que si las balatas. Poco a poco me fui comprando mi equipo, pero nunca he podido rentar un local, mejor trabajo con lo que me viene, así además no tengo ni que salir de mi casa, con que haya espacio en la calle para estacionar el coche, estoy bien.
Poco a poco ha ido llegando más gente, mi trabajo es cansado, pero tengo tiempo para darme mis gustos. Últimamente me ha llegado bastante trabajo. Unos conocidos míos mandan reparar coches al por mayor. Primero me dijeron que eran suyos, luego me empezaron a pagar por otros, según a contrato con una aseguradora que se queda con os que son pérdida total y luego los revende por piezas o seminuevos. Así que luego me llegan chocados. Pagaban muy bien y ahora pagan mejor, pero también me he dado cuenta de que no todos vienen chocados. A veces no les corresponde el número de motor, otras ni placas traen, vienen en grúa y así se los llevan… pero el que los recoge es muy intimidante, llega siempre acompañado de dos o tres grandotes, paga muy bien, no necesita decir nada más, sólo saluda con esa sonrisa cínica. El otro día me vino a visitar, iba tomando con uno de los comandantes de la colonia. Cada rato lo invitan a uno a los pulques, yo voy pocas veces, y me regreso antes de que empiecen a hablar de cosas importantes.
Después de todo, pagan muy bien, y no hay muchos otros lados donde se consiga ese dinero.
_________________________________

Una fregada. Son más de las doce y yo sigo aquí, pegado como lapa a la computadora, tratando de terminar la tarea mientras oigo música a todo volumen (con mis audífonos) y, claro, mientras platico con mis amigos que viven del otro lado de la ciudad. Es curioso, hasta nos da risa pensar en cómo parecemos vampiros conforme avanza el semestre, en que parece que no vemos la luz del sol. Hace rato mucho mis pa’s, lo sé porque ví la luz de cuando metieron el coche y contesté con un lejano “hola” cuando entraron. Otra vez se me olvidó ir a cenar, pero estoy en exámenes finales, qué le voy a hacer. Otra noche que no duermo, bueno, un coyotito no me hará daño. Media hora a la cama y luego me meto a bañar que si no, no llegaré a mi seminario a tiempo…
_________________________________

-Pedro…
Un sonoro ronquido responde a la pregunta
–Mmmh… -Pedro contesta casi dormido
-¿Pedro oíste eso?
Entonces el hombre se endereza con dificultad, aguzando el oído mientras se espabila.
-Son gritos, Pedro…
En efecto, el ruido de una pelea se escucha en algún lugar más allá de las paredes de la casa. Hay golpes, ruido de vidrios rotos y alaridos, podrían ser de un hombre o una mujer, pero son rápidamente silenciados.
-¡Pedro, saca la pistola!
El hombre se levanta, y se queda parado un momento junto a la cama. Luego, se vuelve a sentar
-Déjalo vieja.
-¿Pero y si estaban asaltando a alguien?
-Mayor razón para no meternos, que si saben que los vimos, o si los denunciamos, la vayan a tomar contra nosotros… ya déjalo así, es más ya se callaron…
-Pero, ¿y si pasó algo malo con los vecinos?
-¿Qué vecinos vieja? Ni los conoces… además ya alguien llamará… ¿qué tal si sólo se estaba peleando un matrimonio y nosotros metiéndolos en lo que no nos importa… ya vete a dormir…
-Bueno, como digas
Ambos vuelven a taparse con las sábanas y contra lo que pudiera creerse, se duermen. Ya no se oye ningún suido a excepción de los ronquidos que regresan con su fuerza habitual a los pocos minutos.
_________________________________

Como al medio día, se oye el sonido desagradable y estruendoso de una mala grabación en un megáfono que pasa amarrado a un viejo bochito. Casi no se distinguen las palabras pero poco a poco se va desifrando el mensaje:
-ENTÉRESE DEL ASESINATO A SANGRE FRÍA, LO MATARON Y LO DECAPITARON EN ESTA MISMA COLONIA… ¡¡¡COMPRE, COMPRE SU PERIÓDICO!!! AQUÍ EN EL COCHE… LLÉVESE LA NOTICIA…
Los niños corren a enterarse, los que pueden compran el periódico, casi se lo arrebatan entre ellos… asustados de la noticia, pero emocionados, porque su calle apareció en la televisión…

jueves 7 de julio de 2011

Miss U

Te extraño.
No voy a decir
que siempre estoy triste,
o que eres como el oxígeno,
o que sin ti muero.
Pero debo admitir
que no soy tan felíz
que me faltas
como el aire fresco
y que sin tí,
no estoy viviendo.

lunes 16 de mayo de 2011

Mea Culpa

¿Recuerdas cuando te dije que tenía miedo de mi? Ahora sabes porqué. El monstruo dentro de mí se ha asomado, ha roto los cinchos que lo contenían y ha devorado todo a su alrededor. Soy una tonta, por haber pensado que podía ser mejor, que podía pasar sin sufrir y sin herirte. Una imbécil por creer que ese tipo de felicidad podía ser eterna y más aún por creer merecerla. 
Idiota, idiota idiota, porque por más que lo evite no puedo negar el monstruo que soy y porque siempre termino cayendo en el mismo círculo vicioso, de herir a los que más amo, alejar para siempre aquellos con los que en algún momento me sentí feliz, autocondenándome a mi propia compañía y cayendo más hondo tanto más trato de evitarlo.
Hoy me doy cuenta de lo gastados que están mis lazos con el mundo. He llegado a pensar cuánto dolor me ahorraría si viviésemos siempre dentro de nuestra concha, al fin yo la tengo gruesa y desarrollada, y la abertura al exterior se cierra cada vez más.
Ojalá y no fuera tan necesario el exterior, el aire que nos da vida, la luz de la compañía que nos alimenta, tu calor que me reconforta...
Soy un monstruo egoísta e hipócrita que se llora a sí mismo mientras se hunde hacia abajo.

miércoles 11 de mayo de 2011

Poesía corpórea V: Google baila


Hoy me he encontrado una agradable sorpresa al entrar a google. Y es que este día han elegido conmemorar el 117° aniversario natalicio de Martha Graham (de quien ya había platicado antes en poesía corpórea III). Fué reconocida como la "Bailarina del Siglo", por sus innovadoras prácticas en la técnica y la coreografía, siendo una de las principales forjadoras de la danza moderna.
Bueno, si quieren ver algo más sobre ella, encontrarán muchas cosas en la búsqueda de google de Martha Graham

viernes 22 de abril de 2011

De mal humor

Estoy cansada.
Harta del montón de cosas que se han ido acumulando poco a poco sobre mí. Harta de cargar con mis errores ahora que me había propuesto hacerles frente. Fastidiada de esta vida en que me siento inútil, como un pesado lastra que se da cuenta de la carga que representa. No quiero enmendarme, destruyo patéticamente mi vida, mi claro futuro se cubre con la tierra que le arrojo, escupo al cielo y me revuelco en mi propia porquería. Quiero llorar, gritar, insultar, hundirme. Quiero encerrarme en mi misma y no ver a nadie nunca mas, olvidarme de mí, cerrar los ojos antes de terminas con las cosas buenas que me pasan y no tengo merecidas.
Estoy del peor humor que se podría imaginar.
Es decir, el mejor humor para escribir (si no estuviera tan apática)

viernes 15 de abril de 2011

Gente así

Este mundo loco, demente, estúpido.
Puedo comprender la ambición, la avaricia, pero no comprendo el mal sin sentido.
Pero así es, existe, y sirve sólo parra destruir el mundo de la víctima pero en especial el del victimario.

jueves 14 de abril de 2011

Sueño

Y no hay nada que me sostenga de aquí a mi cama. Caigo. Caigo de sueño pero también de hartazgo. Hartazgo de mí, de mi entorno, de esta existencia que ha perdido su eje y aún no se acostumbra del todo a que no está sola, que no se sabe comportar, que aprende las lecciones que debió tomar hace una eternidad y media...
Ruedo sin gobierno porque necesito redefinir mis prioridades pero más que nada aprender a no dejar ir las patas cuando te tengo junto a mí.
Ya estuvo bueno de egoísmos. ¿Quién lo dijera? El amor está loco, pero eso no implica que no se deba razonar, es como un rígido y extraño culto, sin sentido alguno, pero con una lógica retorcida que se vuelve indiscutible.
No me he ido, porque no me siento aquí, no me siento en mí, y este ambiente de duermevela me permite fluir entre mis ideas sin tantos topes, aunque mi cabeza de vueltas y mi cuerpo sea recorrido por esa insalubre sensación de pérdida de voluntad. Aunque mis dedos estén torpes y tenga que corregir mis palabras, aunque mi pensar ralentice y la música del reproductor ya no me despierte.
Me sorprende cuanto logro adivinar de tí, y que aún así sea incapaz de ser este monstruo arrasador que te hiere y termina herido... porque cambiar es duro, ¿será demasiado duro?
Yo te doy mi corazón, mi mente, mi ser entonces, aunque tal vez no todo te guste.
Faltan 4 días para algo que ya no se celebra... para un sueño del que voy despertando, rogando porque al abrir los ojos el mundo sea igual al que soñé. ¿Será así , amor mío?

jueves 7 de abril de 2011

viernes 18 de marzo de 2011

Esto (¿no es?) un adios

Por razones escolares, debo partir una semana. Casi dos.
Amo los viajes porque en cada ocasión encuentro motivos para crecer y aprender, son luces que me orientan y me ayudan a poner mi vida en perspectiva. Durante estos años, he salido muchas veces, pero difícilmente resiento la falta de casa. Y hoy, para variar de esto, me siento nostálgica aún antes de partir.
No es que no me emocione el viaje. Todo lo contrario, es uno de los más esperados y emocionantes; sin embargo, hay una fibra de mí que ha echado raíz justo donde estoy, y que dolerá al arrancarse.
Vacilo ante la perspectiva de alejarme de tantas cosasa que amo, nunca había estimado lo mucho que me gusta estar con ellos, con ustedes, mi familia, mis amigos, mi amor. No quisiera pasar un segundo sin ustedes, aún cuando a veces yo misma soy la que necesita respirar en soledad.
Me retiro, puesto que los deberes y tareas hasta ahora atrasadas se me abalanzan mientras me tienen aquí, en la ciudad, pero no esesperan porque ya vovleré, y ellos estarán allí, sobre mí, tarde o temprano.
Espero que estar fuera me permira respirar...
Hasta pronto.

martes 8 de marzo de 2011

Breaking news: noticias que rompen

But I just have to tell you Pero solo te lo tengo de decir
That I love you so much these days Que te amo tanto en estos días
Have to tell you Tengo que decírtelo
That I love you so much these days, its true Que te  amo tanto en estos días, es verdad
To Binge, Gorillaz

No necesito saberlo.
Confío en tí, en tu juicio. Sé que eres fuerte, pero odio ver que te derrumbas. No soy sólo yo. No soy quien se siente así. No soy yo, no es mi causa, no tengo el remedio ¿O sí lo tengo?
Chingao, no puedo seguir luchando contra lo que no conozco. No puedo luchar, estoy atada de manos. Tengo más miedo por no tener qué enfrentar, preferiría luchar con dragones y monstruos.
No es justo. No es justo para mí ni para ti. Quiero ser tu fuerza, porque tú eres la mía.
Ni siquiera sé como puedo decir esto, soy la persona más dependiente, no sé jugar el rol de protectora, pero aún así, déjame intentarlo.
¿No lo entiendes? Te daré mi fuerza, porque no temo a la verdad, cualquiera que fuese, quiero creer que somos capaces de atravesar barreras, solucionar imposibles. No, no hay nudos gorgianos para mí, si ellos se te interponen.
Si, soy egoísta, pero justo ahora soy incapaz de ver más allá de mi propia nariz, no estoy acostumbrada a avanzar a tientas y mi tacto se encuentra atrofiado.
No llores, amor, no quiero llorar, cuando mis lágrimas desconocen su causa.
Simplemente mira que yo estoy aquí. No estoy en vano junto a ti. Si tomo tu mano, es porque ESTOY a tu lado.
Porque tu eres mi Dante, y mi Virgilio.
Ponte en mi lugar. Eres fuerte, déjame ser fuerte por ti.